Septiembre 27, 2019

7 métodos para tomar decisiones en forma rápida

7 métodos para tomar decisiones en forma rápida

Por Daniel Colombo |

Todos tomamos decisiones continuamente: desde qué ropa ponernos, si llevamos abrigo o no, y hasta elegir la comida.

Lo mismo sucede en el ámbito empresarial, donde cada vez más se busca talento para los equipos que tengan varias condiciones: conocimiento técnico de la tarea (aproximadamente un 50% de lo que se evalúa en estos tiempos), trabajo en equipo, excelente comunicación interpersonal, motivación, auto liderazgo y facilidad para tomar decisiones.

La mayoría de las personas falla en este aspecto, ya que el tomar decisiones implica jugársela, riesgo y la posibilidad de que las cosas fallen. En cualquier caso, se abre siempre una nueva instancia.

Una definición interesante sobre el tema la aporta el economista británico George Shackle, quien dice que es “un corte entre el pasado y el futuro”, entendido como el poder de planificar y organizar un futuro deseado para conseguir un fin específico.

En esencia, tomar una decisión es elegir entre varias alternativas posibles, poniendo en consideración los recursos disponibles y el fin que se persigue, el resultado deseado.

  • Cada persona toma aproximadamente 35.000 decisiones diarias

Un informe de la empresa tecnológica Huawei ha encuestado a 10000 personas de distintos países, fundamentalmente europeos, y ha revelado a fines de 2018 que, durante el día, cada persona toma un promedio de 35.000 decisiones, y que somos conscientes plenamente de una pequeña parte de ellas. En concreto, el cerebro toma el 99,74% de las decisiones de manera automática. Lo que sucede es que ha mecanizado ciertos procesos que se repiten a diario, por lo que las decisiones “a pensar, a consciencia” se reducen a unas cien al día, unas cuatro por hora en promedio.

  • Tipos de decisiones

Hay básicamente dos tipos: por método y por niveles.

  • Método: se trata de decisiones estructuradas, racionales; siguen un proceso específico o un criterio -como una normativa, ley, reglas sobre algo en particular- y en el tiempo se vuelven repetitivas y rutinarias. El resultado puede ser predecible.
  • Niveles: son decisiones no estructuradas, hay un componente emocional en juego. Por ejemplo, cuando irrumpe una situación y debemos hacer una elección inmediata. No parten de un proceso, por cuanto se lo va diseñando en el minuto a minuto, y no son predecibles.

La sugerencia es que, al decidir, nos pongamos varios pares de lentes para observar diferentes perspectivas de las situaciones. Es muy importante escuchar nuestra voz interna, y también no dejarnos influenciar por el entorno o decidir lo que el otro quiere: es necesario apoderarse de la acción del sentido propio en las decisiones, ya que, de esta forma, vas afianzando tu yo interno, tu auto estima y auto valoración.

  • Las cuatro ventanas

Para enriquecer nuestra mirada a la hora de decidir, también es muy útil pasar las decisiones a través de cuatro ventanas:

  1. Ventana del oído: se relaciona con aprender a escuchar antes que hablar, debatir o rebatir las cuestiones.
  2. Ventana de la palabra: determinado por el tipo de experiencia que quiero obtener a partir de observar mi lenguaje. Las palabras no son inocentes, están cargadas de significado.
  3. Ventana de los ojos. En este caso, la invitación es a observar la situación desde diferentes perspectivas para tener un panorama más amplio.
  4. Ventana del corazón. Es fundamental para que cualquier decisión resuene dentro nuestro, ya que de lo contrario estarás entregando tu poder personal a los demás; por ejemplo, cuando dejas que el otro decida por ti aún en cosas triviales.
  • 7 fórmulas para tomar decisiones en forma rápida

Hay muchos métodos para la toma de decisiones dependiendo del momento y las cuestiones a definir. Estos siete suelen ser de los más usuales:

  1. Evaluar pros y contras

La mayoría de las personas utiliza este método casi en forma inconsciente, cuando pone en la balanza el equilibrio entre beneficios y perjuicios. Lo que suele aparecer aquí es el sesgo cognitivo, un atajo mental que busca siempre referencias de experiencias anteriores, las conecta con el problema actual, y puede incidir en el resultado de la decisión a escoger.

  1. Matriz FODA

Es un análisis relativamente sencillo que permite graficar más claramente las Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas ante la toma de una decisión.

  1. Matriz Océano Azul

Aquí se dibujan cuatro cuadrantes sobre un aspecto en particular para decidir, y se colocan estos criterios en cada uno: ¿Qué eliminar?, ¿Qué reducir, ¿Qué incrementar? ¿Qué crear? Es una buena fuente de inspiración para decisiones creativas.

  1. Diagrama de Ishikawa

 También se le llama “espina de pescado”. En este caso representaremos el problema escribiendo su nombre en forma vertical, como si fuese la columna vertebral de un pez; y, de ella, reflejamos las espinas, las causas de la situación a definir. Este modelo ayuda tener más claridad sobre las causas del asunto. Al clarificarlas gráficamente se expande nuestra habilidad para decidir las mejores opciones.

  1. Mapas Mentales

Es otra técnica gráfica muy potente, ya que, al dibujar el problema en el centro de un gran espacio, nos permite hacer ramificaciones y enlazar éstas con otras para ver los temas de menor a mayor, o de mayor a menor.

Una buena forma de combinarlo es identificar el aspecto racional/mental del tema a decidir del lazo izquierdo del dibujo; y lo emocional/blando del derecho. Luego, ver qué conexiones se pueden dar entre ambos universos representados.

  1. Diagrama “Decisiones eficientes”.

Es una metodología relativamente sencilla que permite obtener información relevante para observar el ciclo completo del tema a decidir. Se parte de un módulo de diagnóstico, y le siguen las alternativas, escenarios, riesgos (de tomar la decisión), resolución deseada del tema (aquí se pueden agregar alternativas  A, B y C) y la fase final de feedback/retroalimentación.

  1. Modelo de Kepner y Tregoe.

Este es un esquema para la toma de decisiones en el que se ponen de relieve las características principales de cada opción. Al hacerlo, se observa claramente cómo podemos valorarlas, priorizarlas, destacar unas sobre otras, y se las relaciona más fácilmente con el nivel de calidad que tienen estas opciones: se supone que a mejor calidad, mayor asertividad en la toma de la decisión. El modelo también contempla lo que podemos traducir como “¿Y qué pasaría en el caso de que…”, para ver en cada idea de decisión la contingencia, aquello que puede salirse de curso y las alternativas sobre cómo lo podríamos reencauzar.

Foto: Shutterstock

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