Agosto 22, 2022

Por qué nos gusta ver a la gente leer

Por qué nos gusta ver a la gente leer

Leer es ‘sexy’. Tal vez sea porque ver a alguien leer ejerce fascinación sobre el que contempla al lector, sea este San Ambrosio o Marilyn Monroe.

Hace unos años la página web de citas eHarmony concluyó que los perfiles que incluían la lectura en su lista de aficiones eran más atractivos para el sexo opuesto. En concreto, los datos revelaron que los hombres que mencionan la lectura como uno de sus intereses personales reciben un 19 % más de mensajes, aunque, en el caso de las mujeres, aquellas que afirmaban leer recibían solo un 3 % más.

Entonces, ¿leer es sexy? La escritora Jeanette Winterson cree que sí, porque, en su opinión “lo que emana de la foto es concentración absoluta, y nada hay más sexy que la concentración absoluta”.

Marilyn Monroe leyendo Ulises

Hay que aclarar que Winterson se refiere a unas fotos en concreto: las de Marilyn Monroe leyendo Ulises de James Joyce.

Un día de verano de 1955, Eve Arnold, una de las pocas fotógrafas estrella de aquella época, fue a buscar a su modelo para realizar la serie de fotos convenida. Cuando Arnold y Monroe se detuvieron en un parque, esta última se enfrascó en la lectura de Ulises mientras Arnold introducía una película en su cámara. Cuando estuvo lista, no pudo resistirse a fotografiar a la actriz en ese trance. Se sospecha que la iniciativa para realizar estas instantáneas partió de la propia Marilyn, que se sentía tan atraída por el mundo de la literatura y el teatro como por los focos.

Por otra parte, leer fue su principal herramienta para combatir su imagen de rubia tonta.

Es obvio que Marilyn Monroe (o Paul Newman, pongamos por caso) es sexy con o sin lectura. Sin embargo, de lo que nos habla en realidad Winterson es de la fascinación que ejerce la imagen de un lector, cualquier lector.

San Ambrosio leyendo en silencio

Es lo que debió de experimentar San Agustín al observar, hacia fines del siglo IV, a San Ambrosio, obispo de Milán, leer en silencio:

“Cuando leía, sus ojos recorrían las páginas y su corazón penetraba el sentido; mas su voz y su lengua descansaban. Muchas veces, estando yo presente, pues el ingreso a nadie estaba vedado ni había costumbre en su casa de anunciar al visitante, así le vi leer en silencio y jamás de otro modo”.

San Agustín, Confesiones, VI, 3

No es de extrañar que San Agustín se sorprendiese con el ejercicio silencioso de la lectura, ya que, en aquella época, todas las lecturas se hacían en voz alta. Pero, aparte de este hecho, Irene Vallejo va más allá:

“Agustín se da cuenta de que ese lector no está a su lado a pesar de su gran proximidad física, sino que se ha escapado a otro mundo más libre y fluido elegido por él, está viajando sin moverse y sin revelar a nadie dónde encontrarlo”.

Fascinación por los lectores

Desde San Ambrosio hasta Marilyn Monroe, ha habido multitud de retratos o autorretratos de personas con un libro en las manos.

Ourit Ben-Haïm, una fotógrafa marroquí afincada en Nueva York, llevada por esa misma atracción, puso en marcha un proyecto, con el nombre de Underground New York Public Library, cuyo fin era reunir fotos de gente anónima leyendo en los andenes o en el interior de los vagones del metro neoyorquino.

“Leer es sexy” no deja de ser un eslogan con el que se pretende llamar la atención, especialmente en efemérides señaladas, pero no es algo nuevo. La misma expresión en inglés, reading is sexy, fue creada a imagen y semejanza de smart is the new sexy (como explica Cristian Vázquez, “algo así como que ser inteligente es la nueva característica de la sensualidad”), frase que utilizó la Newspaper Association of America para promocionar la lectura de periódicos en Estados Unidos.

Quizá haya algo de verdad, desde el punto de vista psicológico, en la fascinación por estas imágenes. Vázquez intenta justificarla de este modo:

“Lo que nos gusta de una persona que lee es verla sumida en un mundo extraño, que no tiene nada que ver con el entorno que la rodea, un mundo del que apenas podemos obtener mínimos indicios a través de su cara, sus expresiones. Es decir, la cara de un lector es una suerte de ventana al mundo creado por el libro”.

El misterio de leer

Al parecer, lo que resulta tan misterioso en este tipo de fotos es el hecho de que leer sea el acto más privado e íntimo (“es la charla con el amante, es el lugar de los susurros y los suspiros”, llega a decir Winterson), puesto que leyendo nos volvemos inaccesibles e inalcanzables, al tiempo que quien observa queda sumido en una infinita sensación de desamparo.

Una buena propuesta para contemplar imágenes, retratos y fotos de gente leyendo es el libro de Bollman titulado Las mujeres que leen son peligrosas, un conmovedor homenaje a las lectoras, que reúne una impactante selección de pinturas, grabados y fotografías de mujeres leyendo, realizados por diversos artistas desde la Edad Media hasta el presente. Precisamente, la fotografía que cierra esta galería es la de Marilyn Monroe leyendo Ulises.

Es el momento perfecto para que nos demos la oportunidad de perdernos en los sentimientos y las fantasías que nacen de la lectura. Porque, como decía Emily Dickinson, “no existe mejor fragata que un libro para llevarnos a tierras lejanas”.The Conversation

Silvia Hurtado González, Profesora del Departamento de Lengua Española de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Valladolid

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original. Portada: Paul Bence / Flickr, CC BY-NC

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